POEMAS DE LA TARDE ANTIGUA Autor: Antonio Martínez Barcón
Ediciones Follas Novas
Los libros del caracol
FerrolAnálisis había publicado un TESTEMUÑAS sobre este autor:
Testemuñas 3
Con la edición de la Separata nº 3, Testemuñas da Memoria, el Club de Prensa de Ferrol continúa recordando a las personas que nuclearon la vida del propio Club y fueron el germen y los impulsores de la realidad actual del Club de Prensa.
En este número de cuarenta páginas, ocho autores escriben sobre Antonio Martínez Barcón (Ámbar), desde diversas ópticas vividas y compartidas con el articulista entroncado en la mejor tradición de escritores- periodistas que ejercieron en los diarios españoles a lo largo del s. XX. Si, es cierto, Ámbar fue un “hacedor” del periodismo literario, dotando sus columnas de una lírica e impronta personal entre la poética y la reflexión filosófica.
La publicación está dividida en tres secciones que recogen las opiniones de los citados autores que le recuerdan en su etapa de articulista, su creación poética Poemas de la tarde antigua y su vinculación con los intérpretes de la Nova Canción Galega, teniendo finalmente también su etapa de consejero político con quien ejerció de Alcalde de la ciudad.
La segunda y tercera parte, muy personal, abarca la fotobiografía de su vida y un resumen periodístico extraído de las hemerotecas donde se recogieron artículos y otras informaciones sobre los premios obtenidos por Antonio Martínez Barcón
Antonio Martínez Barcón: primera aproximación a su poesía
OPINIÓN
Autor del comentario:
| MIGUEL CARLOS VIDAL |
La editorial compostelana Follas Novas, en la colección Los libros del caracol , que dirige el ferrolano y catedrático Luis Alonso Girgado, ha dado a la luz, en estos días, un libro de poemas de Antonio Martínez Barcón. El volumen, pulcramente editado, se titula Poemas de la tarde antigua , y se abre con un esclarecedor y analítico prólogo del director de la colección.
Se trata -el libro- de un poemario breve, pues consta de tan sólo veintisiete composiciones, la extensión de las cuales oscila entre los ocho y los veintiséis versos, y de cuyos otros aspectos formales cabe destacar, por encima de cualquier otra cosa, la existencia de una máxima e intencionada -y rebelde- libertad elocutiva.
Así, por ejemplo, en cuanto a la métrica se refiere, se ha optado por el abandono del isosilabismo y del ritmo exterior de los versos (esto último hábilmente sustituido por un ritmo interior), e igualmente por el abandono de toda rima y hasta de cualquier tipo de ordenación o estructuración que pudiera parecer estrófico. E incluso, en los poemas, para de ese modo hacer posible la elevación de los mismos a la más alta temperatura lírica, el autor también quiso y supo erradicar de sus versos hasta el más mínimo lastre de lo que en poesía se entiende por historicidad racional. A cambio, y para conseguir, de esa manera, una mayor y más profunda y más impactante eficacia comunicativa, el poeta, intuitivamente, asismismo supo ordenar -desde la perspectiva que Dámaso Alonso define como la de la forma interior -, supo ordenar, digo, el desarrollo lírico de cada poema con el empleo de la difícil técnica expresiva de los alogicismos y de otros complejos procedimientos de vanguardia.
Además, en todo momento, para así convertir las cargas y sobrecargas poéticas en mucho más operativas -e incluso para potenciarlas al máximo-, el poeta se supo servir de originales, oportunas y calientes imágenes oníricas y visionarias, de metáforas y siniestesias muy atrevidas, de superposiciones, de rupturas del sistema y otros varios artificios y figuras de la expresión literaria, casi todos ellos de clara filiación superrealista.
Digamos, por otra parte, que el contenido del libro, a pesar de su brevedad -o seguramente que favorecido por esa misma circunstancia- es, todo él, de una gran y conmovedora belleza poética. Se desarrolla, dicho contenido, mueve y anda sobre queridísimos planos calientes. Planos (y senderos) profundos y emotivos, dorados por ese inverosímil sol de las tardes antiguas, y gracias a los cuales, mágicamente, se nos hace posible el viajar, cruzando intimísimos y olvidados y muy entrañables paisajes interiores, al siempre tan poderoso y eterno -ay, creíamos- tiempo de la infancia.
Materiales nobles y líricos
Como una pequeña muestra de materiales nobles y líricos más utilizados por el poeta se podrían transcribir los siguientes: (...) «la tapa de mi caja en que la infancia guardo / entre senderos escondida,» (...) «En las sillas, la oscuridad enciende / conversaciones de telas estampadas,» (...) «En el viento de aquella tarde tan antigua / un rumor conversa en voz muy baja / con uno de los rostros de aquel cuadro.» (...) «Como una mano que se abriera de repente y se le fueran cayendo pedacitos de niño.» (...) «Arrumbados desvanes cruzan de pronto,» (...) «Mi rastro, mezclado con la sombra de un niño / olía todavía a libro arrinconado.» (...) «Volví a mirar, por si aún era domingo / el rinconcito donde se apoltronaba el sol.» (...) «En el dorado patio el sol duerme la tarde.» (...) «De vez en cuando, labraba atardeceres».
En el poema titulado «El libro que ha llegado» -y que es uno de los mejores del volumen-, el poeta, en una culminación de hondura y emotividad, nos hace ver y sentir la herida de belleza que le produjo la lectura del deslumbrante -y único publicado- libro de poemas de su gran amigo Mario Couceiro.
En fin, que Poemas de la tarde antigua -el tan bello como íntimo y nostálgico poemario de Antonio Martínez Barcón- está rebosante de hermosísimos y muy profundos versos verdaderos.
Es un libro que, aunque en él se trate, con hondura y estremecedora melancolía, de un tiempo querido y ya parado, es decir, del siempre inexorable paso del tiempo, sin embargo y por contra -se puede anticipar con seguridad-, el tiempo sí que nunca conseguirá que pase este libro.
Publicado en LA VOZ DE GALICIA, ver link
Poetas del Seminario mindoniense
Álvaro PORTO DAPENA
Diario de Ferrol, 14 de octubre de 2007, p.14
"Hace algunas cuantas semanas, con motivo de una reunión con algunos de mis antiguos compañeros de curso, estuve en el Seminario de Mondoñedo. Allí tuve la ocasión de adquirir un curioso libro, de más de setecientas páginas, bajo el título Un alpendre de sombra e de luar: A escola literaria da diócese de Mondoñedo-Ferrol, en el que Félix Villares Mouteira nos presenta toda una galería de poetas con lo más sobresaliente de su producción, cuyo denominador común es -y no otro- el haber pasado por las vetustas aulas de nuestro Seminario Conciliar. La verdad es que desde poco tiempo atrás -leí, creo recordar, alguna concisa reseña en la prensa- tenía noticia de su reciente publicación, por lo que sentía un especial deseo y curiosidad por echarle una ojeada a un libro tan singular, donde, suponía, me iba a encontrar -como de hecho fue así- con alguna que otra sorpresa. Sorpresa, en primer lugar, por desconocer la vena poética de personas que llegué a conocer cuando yo era seminarista, y, por otro lado, porque desconocía - o por lo menos había olvidado- el pasado seminarístico de varios de los poetas famosos aquí incluidos, como, por ejemplo, Pastor Díaz o Trapero Pardo. Y, en fin, sorpresa también en algún otro caso porque ignoraba totalmente las dos facetas de seminarista y poeta de alguna persona que conocía por otros motivos.
En el libro pensaba, desde luego, encontrarme con el poeta gallego de mi niñez -fue cura de mi parroquia de San Xiao de Narón- José Crecente Vega, cuyo libro Codeseira lía -todavía conservo- cuando apenas tenía diez años. Pensaba también - ¿cómo no?- en el insigne poeta mindoniense Noriega Varela, así como en Chao Espina junto con mi recordado profesor de latín -¡y de Poética!- D. Francisco Fanego Losada, que era capaz de escribir poemas latinos en perfectos hexámetros. Esperaba así mismo poder leer alguna composición de mi también inolvidable y querido profesor D. Uxío García Amor, de quien no sabría decir si es mejor músico que poeta: sus sonetos me encantaron. No estaba tan seguro de encontrar, no obstante, a mi buen amigo Lázaro Domínguez, el poeta más laureado de la poesía castellana, pues, aunque es Gallego -de segundo apellido- no lo es de nacimiento y nunca le escuché, hablar en nuestra lengua autonómica: la única composición que aquí se incluye, recordando a nuestro vate ferrolano, Pérez Parallé, la encuentro de una calidad poética y lingüística indiscutible.
No puedo, obviamente, referirme a todos los poemas que componen esta simpática antología, ni siquiera nombrar a todos y cada uno de sus autores, que suman más de medio centenar a partir de los inicios del siglo XIX. Entre mis poetas conocidos personalmente, no puedo por menos de nombrar a D. José Cascudo, a quien no sabía poeta, pero sí buen matemático -me dio Geometría- y ¿cómo olvidar sus famosos zuecos de cuero de fondo de madera que, por lo visto, él mismo fabricaba? ("Hay que trazarle una perpendicular a los zuecos de Cascudo", gritaba en una ocasión un compañero mío sonámbulo). No puedo, en fin, olvidar a mis queridos compañeros: el polifacético Pedro Díaz Fernández -cura, biólogo, alfarero... y ahora poeta-, a B. García Cendán y, desde luego, al malogrado y siempre llorado A. Martínez Barcón "Ámbar", con quien tanto he compartido en mis primeros años de Seminario.
Es necesario, desde luego, agradecer a Félix Villares por esta pequeña y curiosa muestra literaria, cuya compilación debió de ser harto dificultosa, pues -por lo menos en algunos casos- tendría que ir precedida de una exhaustiva y rigurosa investigación, no siempre fácil. A pesar de todo, seguramente aquí habrá que aplicar -como siempre ocurre en este tipo de publicaciones- aquello de que no están todos los que son o, probablemente, tampoco sean todos los que están. En este último sentido hay que reconocer que el compilador fue un tanto generoso, cosa que no me parece mal, pues, claro está, no peca el generoso, sino el avaro...
Pero tampoco hay que pasarse. Y yo creo que Félix Villares se pasó una pizca al pretender meter toda esta pléyade de poetas nada menos que en el rimbombante -y no menos pretencioso- saco de "escola literaria de la diócesis de Mondoñedo-Ferrol". Por mucho que se pretenda, difícil -por no decir imposible- será encontrar vínculos propiamente literarios en poesía de estos autores, que lo único que tienen en común es haberlo sido, en épocas muy distintas, alumnos del Seminario de Mondoñedo, donde por cierto la enseñanza de la literatura nunca fue plato fuerte.
Poetas en el seminario mindoniense